Educar más allá de los contenidos

En la actualidad, existe un intenso debate en el mundo educativo acerca de cómo tendrían que ser las clases en un contexto marcado por:

  • La incertidumbre respecto aquello que será necesario saber (y saber hacer) en el futuro.
  • Un mundo líquido en el que conocimientos, relaciones y comunicación aparecen y desaparecen a un ritmo vertiginoso.
  • La competencia en un mercado laboral flexible y exigente.
  • El desprestigio de las instituciones y por lo tanto la pérdida de valor de los títulos y certificados.

Algunos autores, afirman que en la era de Google, debemos dejar de transmitir conocimientos de forma radical. Se considera una pérdida de tiempo, intentar transmitir y evaluar un pedacito de contenidos que no dejan de ser un grano de arena en un mar infinito de conocimiento.

¿Qué sentido tiene que un intermediario (profesor) seleccione, reformule, transmita y evalúe algo que con suerte ha decidido él, cuando no lo ha hecho un ministerio o una editorial?

Esta posición aboga por dar herramientas y criterio a los alumnos para que se enfrenten solos o en equipos de trabajo a unos contenidos infinitos y no filtrados. Contra esta tendencia, encontramos el contexto legal y sistémico en el que está inmersa la educación hoy en día. Dónde se concibe la clase como un traspaso de conocimientos. De la ley a la editorial, de la editorial al profesor y del profesor al alumno.

El término medio suele ser el modelo más atinado. Una buena opción sería equilibrar clases magistrales, dónde el docente transmite un conocimiento valioso, actualizado y conectado con la realidad, con experiencias educativas más libres y sin un contenido definido. Las competencias clave (comunicación, trabajo en equipo, pensamiento crítico, etc.) pueden ser trabajadas en ambas dinámicas. Digamos que es tan importante saber escuchar cómo saber comunicar, a veces incluso lo es más lo primero.

La metáfora de la sesión de spinning

Como usuario más o menos habitual del gimnasio, he dado con una metáfora que puede ser obvia, pero para mí ha sido reveladora.

Las sesiones de spinning se parecen bastante a lo que podría ser una clase de una organización educativa: hay un espacio cuadrangular, un horario, un objetivo, un material, un referente, varios seguidores y, en general, una experiencia comunicativa. ¿Por qué hay sesiones que funcionan y sesiones que no? El factor clave es el instructor (profesor), sin lugar a dudas. La temperatura, el sonido, la sofisticación de las bicicletas, la duración, la dificultad de la sesión, el número de participantes, etc. son elementos que influyen, pero no son determinantes.

El monitor que es capaz de crear el ambiente adecuado, consigue que las personas disfruten a la vez que dan el máximo de sí mismos. Es el momento mágico donde te esfuerzas, pero te lo estás pasando bien e incluso quieres repetir. En las experiencias educativas pasa lo mismo. Cuando te aburres o no existe un buen ambiente, no das lo mejor de ti, aguantas la sesión esperando que acabe (que suene el timbre), y no te quedan ganas de repetir, al contrario.

En el caso de la sesión de spinning, los contenidos y objetivos “académicos” serían el recorrido y meta a alcanzar en la sesión, planificados por el instructor. ¿Nos importa si es un recorrido difícil o no, las pulsaciones que debemos tener, etc.? No lo creo. El foco debe estar en la experiencia. Como dinamizador tienes la responsabilidad de crear una experiencia deportiva (y el profesor experiencia de aprendizaje), que haga a los participantes alcanzar los objetivos más ambiciosos a la vez que disfrutan. ¿Es esto utópico en la educación?

En Induct, así lo intentamos reflejar en nuestro blog, Sociedad de la Innovación, no lo creemos. Experiencias como la Flipped Classroom o la gamificación nos confirman que la educación se encuentra en un momento de transición, del currículum a la experiencia educativa. En proyectos como Innolab hemos visto como el aprendizaje vivencial en primera persona es la mejor forma de desarrollar las competencias necesarias del siglo XXI, eso sí, disfrutando.

Si eres profesor o alumno, nos encantará conocer cómo aplicáis o aplicaríais la experiencia educativa en el aula.

Héctor Gardó

Licenciado en Ciencias Políticas y Master en Gestión Pública en la UAB. Siempre vinculado al mundo educativo. Ha estado en el ámbito público como técnico del Departamento de Enseñanza, en el privado como consultor de negocios y en un centro educativo como docente en Dinamarca. Ahora como consultor de Innovación Abierta desarrolla proyectos de educación y emprendimiento en diversos niveles (secundaria, FP y univertario). Profesor de gestión de las organizaciones en la UAB.

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