Innovación: mito, juego… ¿o necesidad?

Innovación: mito, juego… ¿o necesidad?

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Como con una amiga de hace años, es directora de control de gestión de una gran compañía industrial española. Nada más sentarse, empieza quejándose: Eva, está muy bien que me pidan ideas que van a una base de datos, pero ni sé que va a pasar con ellas ni tengo tiempo para ponerlas en marcha… ¡Voy al 200%! ¡Esto no sirve para nada!

Hora de hacer el café en un evento de innovación; charlo animadamente con un ejecutivo de una gran compañía española. Me relata orgulloso sus volúmenes de ideas generadas, los porcentajes convertidos en prototipos o proyectos. Cándida de mí, le pregunto por el impacto en negocio; ningún rubor en reconocerme que no lo miden.

Desayuno con un antiguo colega de consultoría. Entre anécdota y anécdota me desliza esta: chica somos incapaces de aplicar innovación en los proyectos de tecnología de nuestro cliente (mejor no le menciono). Los jefes de proyecto nos reconocen que han recibido todo tipo de training y mensajes pero que no saben por dónde empezar.

Es de noche; los niños me dejan ese espacio de soledad antes de dormir, que suelo aprovechar para repasar los enormes volúmenes de información que la red nos envía cada segundo; abro McKinsey… innovación, BCG… innovación, prensa económica… innovación, Twitter… innovación, LinkedIn… innovación. ¡Horror! ¡Por un momento pienso que un virus malévolo ha infectado mi Mac y cierro corriendo como si eso me pusiera a salvo!

Abro de nuevo, no era un virus. Es el tema de moda en el management actual. Sin embargo mi experiencia personal y la de mis colegas en puestos de dirección me dice lo contrario. ¿Qué está pasando?

Hoy, es una de esas noches en que trasnocharé y no por estar de copas con mis amigas. He decido reflexionar sobre esto.

Nos bombardean con ejemplos de empresas innovadoras. Los ejemplos siempre son los mismos: Apple, Google, Facebook, Einstein… Compañías y personajes que, efectivamente, forman parte del mito de la innovación. Forman parte de esas historias de éxito en las que, partiendo de la nada, se crean imperios empresariales gigantes actuando de forma radicalmente distinta, que son capaces de reinventar industrias y negocios. O personajes cuyo nivel intelectual y creativo han provocado saltos cuantitativos para la humanidad.

Soy una mujer y una profesional que intento ser creativa y disruptiva. Así ha sido en las compañías donde he estado. Y cuando leo esas historias, cuando me llegan tweets con frases o historias de estas compañías abro enormemente los ojos, y no puedo disimular un gesto a caballo entre la envidia y la admiración. Pero, comparado con mi experiencia personal, lo veo tan lejano a mi realidad y la de mis clientes… como yo lo pueda estar de los éxitos de Rafa Nadal. Ya que sale, le menciono porque es uno de mis ídolos.

Cambio de tercio y leo acerca de cómo innovar. Y me vienen a la mente las nuevas salas en los edificios modernos de mis clientes, los nuevos entornos de trabajo en Microsoft, o los de Google; leo acerca de conceder la libertad a los empleados para que sean creativos, acerca de las sesiones donde prima la diversión y la libertad para crear, del impacto de un ambiente inspirador, de los colores, de equipos multidisciplinares, del juego como inductor de la creatividad… ¿He leído algo sobre los olores? No, creo que no. Empiezo a desvariar.

Espacios de trabajo de Google
Espacios de trabajo de Google

Y me imagino innovar como algo divertido, algo lúdico, algo “funny”. Y vuelvo a poner el mismo gesto de antes: envidia (¡yo quiero trabajar en oficinas de colores!), admiración (¡qué líderes más “guays”!) y también, un poquito de incredulidad (¿de verdad existe?).

Pero además de intentar ser creativa y disruptiva soy muy realista. Y no tengo más remedio que rememorar mi experiencia con la “innovación real”. La del día a día. La que el mercado me ha obligado a aplicar si quería sobrevivir en mis empresas.

Hace dos años, estuve en un taller de creatividad de una conocida consultoria de innovación. Y lo que recuerdo de aquel taller es que por más ideas que yo pusiera encima de la mesa, el monitor siempre me pedía más, siempre tenía un pero a mi idea o un porqué a mi negación, siempre me exigía más. Acabe agotada. ¡Y ni siquiera tuve que implantarlas!

En mis proyectos de consultoría, cuando nos enfrentamos a un reto exigente para entregar, a una oferta diferencial para nuestros clientes, exijo a mis equipos no el 100% sino el 200 % de su capacidad mental. Son sesiones agotadoras, y muchos pueden dar fe de ello. No tenemos colores, la sala huele a nuestro esfuerzo y no tenemos tiempo. Hay que tener ideas, ideas disruptivas y hay que tenerlas ya. No me imagino a mí misma explicándole a mi cliente que le entregamos la oferta en dos meses porque no estábamos creativos. La presión del negocio no nos deja aliento para los entornos “apropiados” para innovar. La presión del negocio no nos deja componer equipos solo de “personas motivadas por la innovación”. Todos, sin distinción, deben crear. Sin excusas. Y lo conseguimos. Exhaustos, pero lo conseguimos.

En mi experiencia como parte del comité de ejecutivo de las empresas donde he estado, hemos intentado romper el mercado, diferenciarnos. Y lo hemos intentado numerosas veces, y hemos fracasado, y hemos vuelto a intentarlo por otro medio, y hemos tratado de ser creativos, y hemos vuelto a fracasar. A veces fracasábamos por que no éramos suficientemente creativos, a veces por nuestras limitaciones, a veces por nuestra competencia, a veces por nuestro management. Pero la empresa debía crecer, y después de muchos intentos encontrábamos un pequeño canal para innovar. Era agotador. Pero lo conseguíamos.

Como consultora, años atrás, participé en proyectos en instalaciones industriales donde, junto con los empleados, debíamos buscar la forma de optimizar los procesos, de reducir los tiempos. Os puedo asegurar que una factoría se parece a una sala de Google como yo a Scarlett Johansson. Pero innovábamos. ¡Vaya si innovábamos! A los empleados les iba en ello el futuro de su fábrica y de su trabajo; a mí la evaluación del socio y mi promoción.

No innovábamos para imitar a Steve Jobs, o porque fuera guay estar sentados en sillas de colores. Innovábamos porque no nos quedaba más remedio; porque era nuestra obligación.

Pero innovábamos con más esfuerzo del necesario y con menos eficacia de la requerida.

Sinceramente, creo que en el afán de los consultores y de los gurús por enfatizar la necesidad de la innovación (con la que estoy de acuerdo), se nos está olvidando explicar la realidad de la innovación: innovar es duro, innovar requiere sacrificio, innovar requiere esfuerzo. Se fracasa muchas veces, nos desanimamos muchas veces, no sabemos cómo hacerlo muchas veces. Pero debemos hacerlo, debemos aprender a hacerlo, es nuestra obligación como profesionales.

Y cuando, como profesionales responsables, nos planteamos innovar y en nuestros mapas mentales está Steve Jobs, o Google, o algo divertido, lo consideramos tan lejano a nuestras capacidades que renunciamos o perdemos la fe en lo que nos cuentan.

En resumen:

Ya es muy tarde. Mi espíritu de consultora me pide dejar una serie de recomendaciones metodológicas sobre cómo consolidar la innovación en el tejido empresarial español. Pero, la verdad, estoy más bien pasional. Así que, en lugar de píldoras mágicas de consultora, voy a rezar pequeñas oraciones por la innovación. Al fin y al cabo, ya es de noche.

A mis colegas consultores, gurús y directivos os pido, como fan de la innovación:

  • Ilustradnos con resultados y ejemplos concretos, sencillos, quizás, pero reales de gente ¡como nosotros! Explicadnos qué se consiguió, cómo lo hicieron, en qué se equivocaron. Por favor, que Steve Jobs ya no está con nosotros.

  • Ayudadnos en el día a día de nuestras iniciativas de innovación; cercanos a nosotros, dándonos lo que necesitamos, animándonos de cerca. El training de hace dos meses se nos olvidó, los carteles no los vemos ni los leemos, y los comités donde se revisa lo que hacemos están muy lejos.

  • Dadnos un espacio para crear; pero no nos hacen falta sillas de colores ni techos de cristal, ni sacos de golosinas. Dadnos tiempo, dadnos capacidades, dadnos recursos, dadnos ánimos, dadnos ejemplos y, sobre todo, dejadnos innovar.

  • Orientad nuestro esfuerzo de innovación. Decidnos qué buscamos, decidnos lo que debemos conseguir, decidnos cuál es el punto final. No dejéis que nos perdamos en esfuerzos y caminos estériles que nos agotan sin premio. Y si llegamos, decídnoslo y reconfortadnos. Y si nos perdemos, ayudadnos en el siguiente reto.

  • Dadnos las guías, dadnos los métodos, dadnos los pasos. Hacednos fácil el camino. Dadnos el marco de innovación en el que tenemos que movernos. Pero por favor, uno que sea nuestro y para nosotros, uno en el que todos creamos.

  • Implicadnos en los procesos de innovación, hacednos sentir importantes para el porvenir de la compañía, pero cuando aportemos todo nuestro (limitado) conocimiento y nuestra incipiente capacidad creativa, no desaparezcáis. No queremos sentirnos usados.

  • Tened un plan para el después, acompañad a las ideas y proyectos de innovación, comprometeos con la implementación de proyectos innovadores. Las ideas, igual que las formaciones o las sesiones de creatividad, no sirven para nada (ni nos motivan), si luego no hay implementación. En lugar de motivación, conseguís frustración.

No pedimos divertirnos, no pedimos ser estrellas mundiales. Solo queremos que lo que hacemos sea útil y lo hagamos, en lo posible, con el esfuerzo justo. La recompensa es ver los resultados.

A los que habéis llegado hasta aquí, gracias. Siento no haber expuesto un análisis sistemático y metódico, no está basado en datos o encuestas a los altos directivos de las empresas del Forbes.

Es mi experiencia real con mis clientes, mis equipos y mis colegas de Comité de Dirección. Es mi particular visión de la realidad.

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Eva Díaz
Profesional con más de 25 años de experiencia en consultoría en estrategia y operaciones ha desarrollado numerosos proyectos de definición de estrategia y optimización de operaciones en grandes compañías; especialmente en las áreas de Supply Chain, producción y tecnologías de la Información. Responsable de iniciativas de calidad total en empresas de servicios y miembro del comité de dirección de consultoras relevantes. Actualmente volcada en la consolidación de su propio proyecto empresarial (NmC Consulting en alianza con Inducsoftware) dedicado a la consolidación de la cultura de la innovación en grandes clientes. Consultora vocacional, apasionada por el servicio a sus clientes y firme defensora de la innovación como herramienta de diferenciación para el tejido empresarial español.

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