7 errores habituales sobre innovación educativa

7 errores habituales sobre innovación educativa

Cuando trabajamos con profesores, estudiantes y personas interesadas en la educación, vemos que se repiten conceptos erróneos que a menudo actúan como frenos para la mejora educativa. Son creencias personales, desconocimiento o simplemente estrategias de boca-oreja que actúan como boicoteadoras de la innovación en las organizaciones educativas.

idees

Antes de enumerar los errores principales, demos una definición operativa:

Innovación: generar ideas que generen valor añadido para alguien de forma sostenida, aplicarlas y evaluarlas de forma continuada.

 1.“No me pagan por innovar”

Seguramente es el error más peligroso. Sobre todo en un contexto socioeconómico convulso como el actual donde los incentivos económicos son pocos o nulos. La clave de la innovación son las personas. Por lo tanto, si los profesionales de la educación no están dispuestos a innovar, no hay nada más que hacer.

Creemos que la acción de innovar (definida antes) es inherente en la profesión docente y a la vocación. Al trabajar con personas, nunca será igual cada día, ni cada “horneada” (promoción). Por lo tanto, el docente debe estar abierto al cambio y a la incertidumbre. Ha de estar dispuesto a probar nuevas metodologías, y a menudo a que fracasen. Siempre teniendo presente que el objetivo final es maximizar los resultados educativos (entendidos de una forma amplia).

 2.“La tecnología es innovación”

Lo repetimos siempre desde Sociedad de la Innovación. Nada tiene que ver la innovación con la tecnología. Incluso a veces, puede ser un freno. Se tiene que entender la tecnología educativa como un medio a la hora de alcanzar unos objetivos pedagógicos. En ningún caso, y es un gran error, la adopción tecnológica puede ser un objetivo para la institución.

Las posibilidades que ofrece la tecnología al mundo educativo son prácticamente ilimitadas, hace falta saber cómo aprovechar al máximo esta oportunidad.

Un ejemplo son los proyectos de introducción de tabletas en las aulas. En muchos casos, se han implantado de golpe, traduciéndose más bien en un acto de marketing que en una apuesta pedagógica. Esto nos lleva al siguiente error.

 3.“Innovar es caro”

La innovación mal entendida es gasto. La innovación real, es inversión. Por lo tanto, siguiendo con el ejemplo de las tabletas, si las implantamos sin una base pedagógica firme (reflexión, formación, planificación, control) generamos unos costes que no se traducirán en impactos educativos. Así, los costes no estarán legitimados, y seguramente nosotros como responsables también lo dejaremos estar.

Las mejores innovaciones son aquellas que no generan grandes costes iniciales. La metodología “lean startup” nos recomienda hacer pequeños cambios, analizar los resultados y actuar en consecuencia. De esta manera hace falta ver el aula como un espacio para experimentar y mejorar. No como una ejecución mecánica de lo marcado.

 4.“No tengo tiempo para innovar, tengo que dar clase”

A veces se considera que innovar es algo diferente a trabajar. En realidad, innovar es (o debería de ser) una parte del trabajo. Por lo tanto, no tiene ningún sentido separar la tarea docente habitual (planificación, clase y evaluación) de la renovación metodológica.

Ahora bien, hace falta que la organización defina los espacios, los valores, los estímulos e incentivos para promover la innovación. El riesgo y la experimentación inherente a la innovación debe traspasar el aula, tiene que ser algo que la misma comunidad educativa valore y reconozca.

5.“El profesor ya no es necesario, tienen Google”

El estallido tecnológico de las TIC es un reto para la figura del docente. Un reto no es ni bueno ni malo, simplemente se debe gestionar. Muchas voces expertas en innovación educativa defienden que se debe parar el aprendizaje de contenidos, en favor de las competencias. Como en Google podemos encontrar todo el conocimiento, no hace falta que lo tengamos nosotros. En Sociedad de la Innovación creemos que es un gran error. Los seres humanos no podemos ser vasos vacíos de conocimiento, necesitamos una base sobre la que poder desarrollar las competencias. Por lo tanto, hace falta crear experiencias educativas donde el trabajo competencial ponga en funcionamiento unos conocimientos previamente aprendidos. La llegada del Flipped Classroom va en esta dirección.

6.“La creatividad no mejora los resultados educativos”

Lo oímos a menudo. Muchos docentes ven la creatividad como una distracción. Algo que desvía a los estudiantes del camino marcado, del currículum, de los objetivos a alcanzar.

Nada más lejos de la realidad. Introducir fases de estímulo creativo a las actividades habituales puede tener unos beneficios educativos enormes.

Por ejemplo: si planteamos un proyecto de investigación, ¿por qué el proyecto ha de ser el mismo para todo el mundo? ¿Por qué los resultados a alcanzar ya vienen marcados? La motivación de los estudiantes es 0. No hay exploración, no hay sorpresas ni incertidumbre. No hay personalización y por lo tanto el único incentivo es aprobar. En cambio, si en base a un ámbito de trabajo dejamos que los estudiantes elijan el proyecto que más les motiva, aumentaremos la motivación y la capacidad de esfuerzo. Así, de bien seguro, los resultados también serán mejores. Este formato es más exigente para el profesor, puesto que, no sabe qué se puede encontrar en el proceso y la evaluación será más compleja. Ahora bien, si así los estudiantes trabajan mejor, se animan y aprenden más, valdrá la pena, ¿no?

7. “Se tiene que cambiar todo”

Este error lo cometemos a veces aquellos que vemos el mundo educativo desde fuera. Como expertos en innovación educativa, vemos todos los cambios que están pasando e intuimos los que están por llegar, y queremos hacer revoluciones. Debemos ser críticos y a la vez pacientes, y no siempre es fácil. No se puede cambiar todo de golpe, y a la vez, hace falta ser analíticos para detectar aquellas dinámicas que aunque no sean especialmente “innovadoras” funcionan y dan buenos resultados.

En resumen, debemos iniciar el cambio educativo “partido a partido”, clase a clase. Debemos de estar abiertos al mundo y hacer pequeños y constantes cambios. Las clases han de estar vivas, esto significa dejar de funcionar por inercia y ser agentes del apasionante cambio educativo que estamos viviendo.

Ganadoras y ganadores del proyecto Mango Smile
Ganadoras y ganadores del proyecto Mango Smile

En Sociedad de la Innovación desarrollamos proyectos de innovación educativa donde apostamos por estos nuevos modelos y por las competencias del s.XXI.

La semana pasada hicimos las presentaciones finales del proyecto Mango Smile de los alumnos y alumnas de la Escola Elisava-UPF y de la UPV-Alcoi. 10 equipos presentaron proyectos innovadores usando un tejido biodegradable de base vegetal elaborado por el centro tecnológico Aitex. ¡Felicidades a todos los equipos por una gran jornada donde se demuestra que el cambio educativo ya ha llegado!

 

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Héctor Gardó

Héctor Gardó

Consultor de Innovación Abierta – Responsable de proyectos educativos en Induct SEA, S.L.
Licenciado en Ciencias Políticas y Master en Gestión Pública en la UAB. Siempre vinculado al mundo educativo. Ha estado en el ámbito público como técnico del Departamento de Enseñanza, en el privado como consultor de negocios y en un centro educativo como docente en Dinamarca. Ahora como consultor de Innovación Abierta desarrolla proyectos de educación y emprendimiento en diversos niveles (secundaria, FP y univertario). Profesor de gestión de las organizaciones en la UAB.

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